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Escudo de Colombia y texto de la Unidad para las Víctimas

El perdón como terapia para una joven guerrera

Con la misma fortaleza con que los pijaos liderados por el cacique Calarcá resistieron heroicamente a la conquista española en lo que hoy conocemos como Ibagué, Carolina Méndez, una joven soñadora, ha aprendido que dejar todo en el pasado es la mejor terapia para sanar las heridas. 

Por Vannesa Romero 

De niña fue amante de los animales y por eso quería ser veterinaria. Las tardes de juego con sus amigos, su hermana y las mascotas, luego de llegar del colegio, eran el motivo perfecto para desbordarse en carcajadas sin medir el tiempo. 

Pero previo a esas tardes de goce y antes de que ella naciera, el conflicto armado interno tocó con fuerza a su familia en forma de amenazas de muerte por parte de un grupo armado en Caquetá, lo que los obligó a salir del terruño natal de sus padres. 

Cambio de caminos 

“Mi mamá me cuenta que en 2000 la guerrilla amenazó a mi papá, que si no salían de allí los mataban. Por eso salieron para Ibagué y dos años después nací yo”, cuenta Carolina, quien ha trabajado para sanar esas heridas. “Siento que mi familia casi no habla de lo vivido, sin embargo, mi papá ha traído traumas porque a veces tiene actitudes muy raras. No habla del tema, no recibe ayuda, ni quiere que lo ayuden. Siento que no se han sanado del todo”. 

Pero Carolina anota que su mamá ha tenido un camino diferente de recuperación emocional. “Le ha servido mucho ir a la iglesia, tener a Dios en su corazón porque el Señor sana realmente todas las heridas y por eso siento que mi mamá está bien, no la siento rara como a mi papá a veces”. 

Después de vivir casi una década en Ibagué, Bogotá fue la siguiente opción de vida para ella. Esto no ha sido fácil para esta joven amante del jazz, porque ella sentía que su alma estaba en Ibagué. 

“Fue algo duro. Más para mí que era una niña. Lo que me gustaba de Ibagué eran mis amigos y el tiempo que pasaba con ellos porque podía estar toda la tarde jugando. Acá en Bogotá el clima era todo lo contrario, me tocó acomodarme para estudiar en la tarde, no hice amigos por mucho tiempo, pero pienso que, en parte, también fue algo bonito, fue como una nueva aventura”, dice. 

Una de esas aventuras fue conocer la alianza entre la Fundación Texmodas[1] y la Unidad para las Víctimas, a la que se aproximó por medio de una prima que también fue víctima de desplazamiento forzado. 

Esta alianza beneficia directamente a los jóvenes más afectados por el conflicto armado con programas como ‘Negocios para los nuevos tiempos’ y ‘Talento social’, que aportan a la construcción de proyectos de vida. “Mi prima se enteró que salí del colegio y que quería seguir estudiando, pero no podía, y entonces a ella le llegó un correo con la información y me lo compartió”, recuerda. 

Para Carolina, la oportunidad de participar en estos espacios de formación le amplió el panorama no solamente en lo nivel laboral. “El año pasado fue algo complejo para mí porque tuve muchos choques de emociones, no sabía cómo resolver algunos problemas y conflictos emocionales y me encantó mucho que en este curso no se centraron simplemente en trabajar, sino que me impactó que se trataba también de inteligencia emocional, lo que supe aprovechar en cada clase para apropiarla en mi vida”. 

La terapia en su mirada 

A punto de cumplir 20 años, no se desenfoca de su objetivo de estudiar Terapia Ocupacional para ayudar a quienes más lo necesitan, e incluso hace unos meses se abrió una posibilidad de entrar a la Universidad Nacional. 

Con conocimiento de causa, esta lectora disciplinada envía un mensaje para quienes han pasado por la crudeza de la guerra: “Entiendo que a veces la vida no es justa, a veces pasamos por situaciones muy duras que quizá no entendemos en esos momentos, pero el pasado no nos define, nos define como actuamos. No debemos adueñarnos del pasado, debemos aprender a dejar ir, a sanar, a abrirse a nuevas oportunidades, a nuevos proyectos. Entiendo que a veces el pasado es difícil de soltar, pero es algo sano hacerlo y si es también necesario hablarlo con alguien, expresarlo”. 

Como los primeros pobladores de su natal Ibagué, los pijaos, que no cedieron ante la derrota, así se define Carolina, una mujer sin miedo a los retos a ser ella misma: “A donde quiera que vaya y con quienquiera que yo hablo, me gusta expresar y demostrarme tal cual soy, una guerrera”.