Areliz Rodríguez
Bucaramanga - Santander

Por:  Miguel Ángel Alcalá

Areliz Rodríguez encarna a la perfección la tenacidad de la mujer santandereana. Como Antonia Santos o Manuela Beltrán en la época de la Independencia, ella ha librado su propia batalla para no darse por vencida aun en los peores momentos. 

Desde la promulgación de la ley 1448 en 2011 muchas víctimas del conflicto en el país encontraron la manera de continuar con su proyecto de vida. Una de ellas fue Areliz, desplazada del municipio de Sabana de Torres, quien ha visto el progreso de su vida y su familia con las oportunidades y beneficios que le ha otorgado esta Ley gracias a la entrega de la indemnización administrativa. 

“Siempre he sido una mujer muy independiente; tenía claro que quería invertir en una unidad productiva que me permitiera trabajar y seguir haciéndome cargo de mis hijos, y lo he logrado con la ayuda de la Unidad para las Víctimas”, dice Areliz que se siente orgullosa del micromercado que, con mucho esfuerzo y ayuda de la entidad, ha logrado levantar para su beneficio y el de su familia. 

La Ley 1448 les ha permitido estar incluidos en el Registro Único de Víctimas y así poder acceder a proyectos de vivienda, capacitación formativa, educación gratuita, reparación individual y asesoría psicosocial permanente, con el acompañamiento constante de la Unidad para las Víctimas. 

“La ley de Víctimas me ha ayudado a superarme como persona, ha ayudado a mi familia a acceder a cosas que en el campo no teníamos. La vida en la ciudad es diferente, pero hemos podido salir adelante”, manifiesta con una sonrisa dibujada en su rostro. 

Sus cuatro hijos y tres nietos son su motivación diaria, los que la han impulsado a no ponerse límites y a aprovechar muy bien las oportunidades que brinda la vida y la legislación colombiana. Por eso, siempre trata de hablarles a las víctimas del conflicto basada en su experiencia. 

“Cuando reciban su indemnización no se la gasten en televisores o en ropa; inviertan en un negocio propio, debemos pensar más allá. Ningún dinero nos devolverá la tranquilidad y lo que perdimos, pero nos dará las herramientas para superarnos”. 

Esta mujer de 47 años nunca ha perdido su capacidad de soñar a pesar de los malos momentos del pasado. Le preguntamos cuál es su más grande sueño y sin titubear dice: 

“Mi más grande sueño es que todas las víctimas puedan acceder a su indemnización, a un empleo digno, a una oportunidad”. 

Esas son las palabras y los sentimientos de una mujer noble y sencilla que no guarda rencores de ningún tipo. Al finalizar la entrevista es contundente diciendo: “yo perdono. Todos debemos perdonar, una de las premisas de la Ley de Víctimas, lograr la reconciliación y perdón de las víctimas del conflicto armado en el país”. 

(Fin/MAS/AVA/COG)