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Escudo de Colombia y texto de la Unidad para las Víctimas

Pita y Cienaguita, la esperanza del poder transformador

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La conmemoración de la Semana Nacional de la Memoria y Solidaridad con las Víctimas, en el Atlántico, incluyó una jornada de siembra de árboles en la zona rural de Repelón, concretamente en el sendero destapado que comunica al corregimiento Las Tablas con las veredas Pita y Cienaguita, que no fueron ajenas a la violencia paramilitar y guerrillera a comienzos de este siglo.

La pequeña escuela ubicada en Pita está en malas condiciones, allí las niñas y los niños tratan de aprender en medio del calor que agobia la zona. Un profesor residente en Villa Rosa llega de lunes a viernes en su moto para cumplir la labor que le ha encomendado su vocación de maestro.

Recientemente una maquinaria enviada por la Alcaldía de Repelón trabajó en la rudimentaria vía que une a Pita y Cienaguita, aunque no está perfecto el camino este permite llegar de un punto al otro con cuidado.

En Cienaguita la gente vive en completa armonía con la naturaleza, por eso la Unidad para las Víctimas, la Corporación Autónoma Regional del Atlántico, la Alcaldía y la Defensoría del Pueblo unieron esfuerzos para llegar al sitio y realizar una jornada de siembra de árboles para proteger el sendero y contribuir a los proyectos productivos agrícolas.

Se entregaron 600 árboles a la población para que sean ubicados en los sitios clave, como las laderas de jagüeyes y cercas delimitadoras para dar sombra en el camino.

Un torneo relámpago de dominó permitió a los lugareños demostrar sus habilidades para esta actividad lúdica recreativa. El suculento sancocho preparado y servido por la familia anfitriona significó al cierre de la jornada un premio al desafío de caminar y trabajar en la misión de atender a quienes por años han sobrevivido juntos a la tragedia pasada.

Los rostros se iluminaron con la esperanza de un poder transformador que convierte a estas víctimas en nuevos protagonistas de la historia, avanzando al retorno seguro y próspero en las veredas Pita y Cienaguita, el paraíso compartido en las hasta hoy  ignoradas montañas del Atlántico.