Mariela
Arroyo,
la voz
de las víctimas
de violencia sexual
en Sincelejo

Su figura menuda y sus 158 centímetros de altura contrastan con la fortaleza con que guía a otras víctimas de violencia sexual. A Mariela Arroyo, representante legal de la organización Supérate, no le tiembla la voz para romper estereotipos o defender a “sus mujeres” de ataques que pretenden hacerles revivir su infierno.

por Paula Carrillo

“Estas mujeres ven en el líder a un amigo, una amiga, un hermano. Ven al papá, la mamá, todo. Ven hasta al psicólogo”, dice esta luchadora de 42 años y madre de tres hijos. Mariela, acompañada por casi un centenar de mujeres, creó hace dos años Supérate, una organización compuesta por personas que padecieron el conflicto en lo más íntimo de su propio cuerpo.

Como todo en su vida, esa idea, que después se convirtió en centro de apoyo emocional para víctimas de violencia sexual y en un semillero para iniciar proyectos productivos, surgió tras vencer un grave obstáculo.

En el momento de declarar por primera vez el hecho, personas inescrupulosas pretendieron arrebatarle a ella y a otras mujeres la mitad de la indemnización que les correspondía, de acuerdo con la Ley de Víctimas (1448/2011).

Con olfato incrédulo, Mariela empezó a averiguar si las peticiones recibidas eran legales.

“La mujer que nos pedía el dinero se dio cuenta de que yo estaba investigando. Me dijo que a mí no me quitaría un peso pero que el resto de mujeres tenía un compromiso con ella”, cuenta. “Yo no me podía quedar callada”, agrega.

Un familiar de esta persona, cuyo nombre prefiere no revelar, les llegó a decir, incluso, que tenían que estar “agradecidas” por lo que les pasó.

“Yo sentí como si me hubiera sucedido cinco veces más. Le dije: ‘Yo no tengo sed de ese dinero, pero de lo que me llega a mí, ustedes no reciben ni un peso’”, recuerda. Así, se lograron organizar y evitar el fraude.

Darle la vuelta a las dificultades ha sido una de las especialidades de esta mujer morena, de amplia sonrisa y ojos grandes.

Sobreviviente

Mariela fue violada en 1998 y en el 2000 salió desplazada de otro municipio de Sucre. De las seis mujeres que integran su familia, tan sólo dos se salvaron del acceso carnal violento.

“Una de mis hermanas era menor de edad cuando le sucedió eso. Mi papá se fue enfermando a raíz del dolor porque lo de ella había pasado delante de él y falleció”, relata.

Además, un hermano suyo fue amenazado de muerte. Huir se volvió redundante en el libro de su vida. “Hemos sido víctimas varios miembros (de la familia) pero nadie sabe la procesión que uno lleva dentro, lo que uno tiene guardado”, afirma.

“Yo me considero una sobreviviente porque al menos me quedó la vida para contarlo. Hay muchas a quienes les arrebataron hasta la vida”, insiste.

El miedo no pudo doblegar a Mariela, quien ha transformado la tragedia en ejemplo de superación para otras mujeres que apenas comienzan a contar lo escondido por décadas. Ella es su polo a tierra.

“Yo nunca les he preguntado cómo ni dónde fue. Con que me digan y estén en el Registro Único de Víctimas (que gestiona la Unidad para las Víctimas), con eso me basta”, afirma, convencida.

Mariela acompaña a las integrantes de Supérate incluso cuando tienen citas con investigadores o con médicos, para explicar a los funcionarios que “las víctimas de violencia sexual tienen atención prioritaria”.

Tras intentar montar una peluquería en Sincelejo, su ciudad de acogida tras el desplazamiento, esta aguerrida mujer decidió dedicarse de lleno a la organización y a gestionar los proyectos que ésta ha conseguido. “Cada paso que damos, nos fortalece un poco más”, afirma, orgullosa.



Logros de Supérate

Lideradas por Mariela, las mujeres de Supérate recibieron en comodato un predio de cuatro hectáreas ubicado a las afueras de Sincelejo, que entregó el exparamilitar Edward Cobo Téllez (conocido por el alias ‘Diego Vecino’) en el marco de la Ley de Justicia y Paz (975/2005).

Desde el año pasado, las sobrevivientes se reúnen en esa finca que les entregó la sección de la Unidad para las Víctimas que administra los bienes entregados o decomisados a los grupos armados (Fondo para la Reparación).

Allí, ellas continúan su proceso de recuperación emocional pero, además, pretenden iniciar este año proyectos de piscicultura y agricultura, con el apoyo de entidades locales, departamentales, y organismos internacionales. Por eso, las integrantes de Supérate se han ganado el apodo de “hormiguitas”.

“Puede ser porque nos ven trabajando mucho para gestionar proyectos o porque Mariela y otras compañeras son ‘chiquiticas’”, confiesa, riéndose, Sandra Olea, otra de las integrantes de la organización.

Aparte del intento de fraude, Mariela asegura que Supérate es blanco de envidias por su propio éxito. “Cuando vienen esos chismes porque la Unidad nos da, la alcaldía nos da… yo respondo que la palabra ‘dar’ no es la correcta. Me siento orgullosa porque nosotras gestionamos”, asevera.

“El dinero no lo es todo y los beneficios de la Ley de Víctimas no serán eternos. Queremos quedar preparadas para lo que sigue”, insiste esta líder que también hace parte de las mesas de nivel municipal, departamental y nacional de víctimas.

Según el Registro Único de Víctimas, más de 14.000 personas han padecido delitos contra la libertad e integridad sexual, aunque se presume que aún hay personas que no se han atrevido a declarar este hecho.

De las registradas, más de 5.500 han sido indemnizadas económicamente y unas 1.600 han participado en la estrategia de la Unidad para la recuperación psicológica de las afectadas.