Mayo
23
2016

'Supérate', la organización de víctimas de violencia sexual que transformó el dolor en oportunidades

SUCRESINCELEJO

Catorce años pasó en silencio Cándida de la Ossa tras la violación que sufrió en un municipio de la costa atlántica colombiana. Como no podía hablar de aquel hecho, agravado por el homicidio de su hermano, y por haber presenciado torturas, el alcohol se convirtió en su refugio.

“En los últimos seis meses es que me he podido recuperar porque esto ha sido muy duro para mí. Vi a dos hombres violar a uno, quemarle las partes íntimas con cigarrillos… algo atroz”, dice, desde Sincelejo, donde ha podido rehacer su vida.

Más de una década de mutismo y retraimiento que vivió también Sandra Elena Olea, madre de dos hijos, y quien salió desplazada de Córdoba con su familia, luego de que integrantes de grupos armados se ensañaran contra su cuerpo. “Esto no es una historia o un cuento de que compré una cartera y le voy a contar a mi vecina que la compré. Esto es algo que a uno le toca guardarlo”, afirma.

El miedo y la vergüenza fueron los principales instigadores del silencio de ambas, obstáculos que han podido vencer tras vincularse a la organización ‘Supérate’, compuesta por casi un centenar de mujeres que padecieron hechos similares. Para De la Ossa, representó incluso su salida del alcoholismo. “Gracias a Dios me estoy recuperando”, asegura.

Y Romero complementa: “He sentido que he descansado. No en la totalidad sino en gran parte porque pasé sin contarle a nadie más de 10 años. Finalmente pude gracias a la organización”. “Supérate es como ese brazo, esa estructura que nos permite estar unidas”, agrega. Como ellas, la mayoría de integrantes de la organización han ido cerrando, poco a poco, su duelo.

Un fraude las obligó a agruparse

Cuando aún no se conocían entre ellas y tras declarar el hecho del que fueron víctimas en jornadas adelantadas por la Fiscalía, estas mujeres en Sincelejo empezaron a ser contactadas por personas inescrupulosas que exigían la mitad de la indemnización que contempla la legislación colombiana para afectados por violencia sexual.

“Una señora llegó a decirnos que como ella fue la que trajo una jornada de declaración, teníamos que darle el 50% de la indemnización”, cuenta por su parte Mariela Arroyo, representante legal de ‘Supérate’.

“Esa fue la razón para crear ‘Supérate’: para hacerle frente a esto y no dejar que nos revictimizaran”, afirma. La lucha ha ido más allá de los intentos de estafa. También se ha enfocado en cambiar la incredulidad y falta de tacto de algunos funcionarios que trabajan estos temas. Combatir los prejuicios se ha convertido en otro símbolo de la organización.

De 42 años y madre de tres hijos, Arroyo venció el temor que le dejó la violencia sexual perpetrada por paramilitares en 1998 y el desplazamiento forzado al que la obligaron guerrilleros en el 2000. Con una sonrisa permanente, convirtió aquel dolor en ejemplo de vida para mujeres que recién deciden iniciar este proceso.

Reconciliación con los hombres

Las afectadas por violencia sexual, aparte de reconciliarse con ellas mismas y con sus cuerpos, también han aprendido a entablar relaciones cordiales con hombres durante este proceso. La Unidad para las Víctimas, de la mano de los funcionarios Nestor Tous y Fabianny Oliva, ha contribuido en esa reconciliación.

“Gracias a ellos, nuestro concepto hacia los hombres cambió. No todos son culpables de lo que nos pasó”, afirma la representante legal de ‘Supérate’. Ellas saben que ambos empleados públicos están dedicados casi exclusivamente a sus casos.

Tras los hechos, algunas afectadas reaccionaban con aversión hacia el género masculino. La dificultad no sólo para establecer relaciones amorosas sino incluso para entablar conversaciones sin sentir miedo, quedaron como secuelas de las violaciones.

“Aprendimos a amar a nuestros hijos, hermanos, esposos. No teníamos que verlos como culpables únicamente por el hecho de ser hombres”, insiste Arroyo.

Reparación en una finca de exparamilitares

La organización ‘Supérate’ recibió en julio del año pasado una finca en comodato del Fondo de Reparación de la Unidad para las Víctimas, que administra los bienes entregados o arrebatados a exintegrantes de grupos armados para resarcir a los sobrevivientes del conflicto.

Esa finca, que entregó el exparamilitar Edward Cobo Téllez (“Diego Vecino”), en el marco de la Ley de Justicia y Paz, y que antes se llamaba “La Veraka”, fue rebautizada por las mujeres como “Nuevos Horizontes”.

“Eso ha sido lo mejor que nos ha pasado. En el predio vamos a ejecutar un proyecto de piscicultura con el PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo)”, afirma, sonriente, Sandra Olea.

“Tenemos toda la voluntad para que los bienes que están siendo entregados al Fondo de Reparación a las Víctimas sean puestos a disposición de las propias víctimas, y las organizaciones afectadas por el conflicto armado en el país”, afirmó Juan Camilo Morales, coordinador del Fondo. “Que estos espacios permitan poner a volar no solamente su imaginación sino su capacidad de emprendimiento”, agregó.

En esas cuatro hectáreas donde, según pobladores, ocurrían homicidios e incluso el mismo hecho que padecieron las integrantes de la organización, ahora se reúnen las víctimas para recuperarse emocionalmente.

Encontrarse consigo misma en el campo, del que se alejó después de salir desplazada, ha sido un alivio para Rosa Betín, otra integrante de ‘Supérate’. “Me encanta la finca, me encanta estar allá porque me siento alejada de todo el mundo, de la bulla, de todo”, dice, con una sonrisa, esta mujer de unos 35 años.

Rosa fue también víctima de violencia sexual en San Onofre (Córdoba). “En su momento fue muy difícil. En esa época me sentía una niña… me quebrantaron esas metas que tenía en mi vida”, asegura, cabizbaja.

“Yo trabajaba en el día para poder terminar mis estudios en la noche y ya no quise seguir más de noche andando en la calle. Pensaba que me iba a venir a buscar esa gente”, agrega Rosa. “Ahora estoy esperando que empiecen los proyectos productivos (en ‘Nuevos Horizontes’). Tengo una moto, me rebusco por aquí, por allá, pero nada mejor que tener un empleo fijo”, asegura, con un brillo en los ojos.

Además de la piscicultura, con el apoyo de la cooperación internacional, la gobernación de Sucre y la Unidad para las Víctimas, las integrantes de ‘Supérate’ pretenden iniciar cultivos agrícolas no sólo para tener un ingreso fijo, sino para recuperar ese nexo con lo rural, que algunas extrañan. “No queremos que nos coloquen el pescado en la bandeja, sino que nos enseñen a pescar”.

“Ellas ya han logrado la aprobación de un proyecto por parte de la gobernación, otro por parte del PNUD, están en gestiones en la alcaldía y nosotros mismos las seguimos apoyando; pero lo más importante aquí es la capacidad de gestión que tienen las mujeres”, afirmó María Eugenia Morales, directora técnica de Reparaciones de la Unidad para las Víctimas.