Historias de vida | Unidad para las Víctimas

La magia de Juana Ruiz para llevar
el emprendimiento a Mampuján

por Paula Carrillo · con colaboración de Maribel Reyes

Como el mítico Rey Midas, todo lo que toca Juana Ruiz se convierte en fuente de emprendimiento: su liderazgo ha llevado a la comunidad de Mampuján a la senda de la superación, a través de mermeladas y tejidos.

Esta mujer nacida en el corregimiento bolivarense de San Pablo, municipio de Marialabaja, vivía en esa zona cercana a Mampuján, cuando sus habitantes fueron desplazados masivamente en el año 2000, tras una masacre cercana en la que murieron once personas.

Aunque ausente en aquel momento, el vínculo con su actual esposo, Alexander Villarreal, otro líder de Mampuján, la trasladó allí, luego del retorno de sus pobladores.

“Me enamoro con Alexander. Se da el desplazamiento masivo en el 2000. Yo estaba estudiando Nutrición y Dietética en la Universidad del Atlántico”, narró la mujer, a inicios de octubre, en momentos en que la cooperativa de víctimas de Mampuján se consolidaba en la Gobernación de Bolívar (vía Cartagena-Turbaco).

Mientras recordaba, la llamaban sus ahora coterráneos. Le preguntaban por su almuerzo, por la cooperativa recién creada, por sus actividades pendientes, por la hora del regreso a este territorio que les ofrece una segunda oportunidad…

“Llego a la comunidad porque comienzo a mirar en esos albergues todo el sufrimiento, sobre todo, el de los niños”, afirmó.

Con esposo, hijas y espíritu mampujanense, Juana -que nunca sale a la calle sin pañoleta en la cabeza--, echó raíces para liderar en esta región de los Montes de María, otrora arrasada por el dominio paramilitar.

El primer intento

La chispa del emprendimiento surgió con su mudanza. “Montamos un restaurante. Trabajábamos varios y vendíamos comidas a la Alcaldía, pero fracasamos”, cuenta, sin una pizca de remordimiento.

“Con eso, nos dimos cuenta de que solventábamos una que otra necesidad diaria de la familia” aunque no a largo plazo, confesó.

Pero Juana, la menor de diez hermanos, ya estaba acostumbrada a los cambios: de niña se la llevaron a vivir a Venezuela y, desde esa época, aprendió a adaptarse y empezar de cero. Esa primera caída no iba a amilanar sus ganas de seguir intentando.

Entonces, “en Mampuján formamos la Asociación para la Vida Digna y Solidaria (Asvidas)”, para gestionar proyectos por las víctimas. Sin embargo, “las mujeres estábamos relegadas, hasta que en el 2007 me eligieron como representante legal”, aseveró.

Paralelamente, y desde 2004, las mujeres de la comunidad se habían unido por la recuperación emocional.

Las Tejedoras y el Premio Nacional de Paz

Para exorcizar lo que dejó la masacre en la vereda aledaña de Las Brisas, el consecuente desplazamiento forzado, el hacinamiento en los albergues y el partir de la nada, las habitantes del corregimiento usaron los tejidos como método de catarsis.

La predicadora evangélica estadounidense Teresa Geiser, que había ido a enseñarles a coser colchas desde El Salvador, les dejó ese legado en una corta visita que ellas supieron aprovechar.

“Empezamos ese trabajo como estrategia para superar el trauma y aumentar la resiliencia”, afirma Juana convencida, siempre con una sonrisa en el rostro.

Tejían, entre las montañas verdes de los Montes de María, lo que les había pasado. Las muertes pero también otras historias individuales... "y me atreví hasta a contar lo que me había pasado de niña”, añadió.

Se reunían en círculo a contar con hilo y aguja lo que no podían con palabras... y después de tantos años, esta líder reveló, frente al resto de tejedoras y a su propia madre, que había sido violada a los seis años de edad.

Los odios menguaron, las ganas de venganza se desvanecieron, el dolor empezó a dar paso a la comprensión y el perdón. Eso las hizo merecedoras del Premio Nacional de Paz el año pasado.

De las mermeladas a la cooperativa

Entonces, y al mismo tiempo que Asvidas, emergía la Asociación Mujeres Tejiendo Sueños y Sabores de Paz, el nombre oficial de las tejedoras.

Y de telares, se extendieron a los sabores, olores y colores de unas mermeladas artesanales que rápidamente tuvieron aceptación entre empresarios de la zona.

“Las mermeladas surgen porque en cada evento que se hacía, se contrataban unas mujeres para ganar algo y hacíamos unas comidas muy ricas”, aseguró.

Con el conocimiento adquirido en capacitaciones en el Sena, y el apoyo en temas productivos de la Unidad para las Víctimas, se produjo un primer contacto con empresarios hoteleros de Cartagena, para que las mermeladas de Mampuján, una vez producidas industrialmente y con registro sanitario, tengan una salida comercial.

De esta manera, nació la primera cooperativa de Mampuján, iniciativa que la Unidad para las Víctimas apoya como parte del proceso de Reparación Colectiva a esta comunidad, y que avanza en cumplimiento de la primera sentencia ordenada por la Corte Suprema, en el marco de la Ley de Justicia y Paz.

Así, van creciendo los sueños de Juana: para poder “pensar en grande”, como dice esta mujer de voz potente, que no esconde sus aspiraciones de seguir convirtiendo en éxito las iniciativas donde pone su firma.