Jun
18
2017

“Los diez años de la muerte de los diputados tienen que 
ser un clamor por la paz”

Líderes de la región hablan de la huella que dejó en el Valle el asesinato de once de los doce diputados que secuestró las Farc y del camino hacia la reconciliación.

CALI

Este domingo, 18 de junio, se cumplen diez años de una de las heridas más profundas que haya sufrido el Valle del Cauca: el asesinato de once de los doce diputados que estuvieron secuestrados por las Farc durante un lustro.

El recuerdo de aquella terrible noticia sigue vivo no solo en sus familiares sino en la memoria de vallecaucanos y líderes de la región. El sacerdote José González, vicario de la Reconciliación y la Paz de la Arquidiócesis de Cali; Fabio Cardozo, en ese entonces Gestor de Paz del Valle y hoy Secretario y Paz de la Gobernación del Valle y Diego Martínez Lloreda, director de información del periódico El País, fueron testigos cercanos de todo el proceso que se vivió durante el plagio con quienes esperaban a los cautivos. También hablan de los efectos de ese crimen en la sociedad vallecaucana y de cómo caminar hacia la reconciliación.

“El perdón no incluye olvido, hay que recordar”

Mes tras mes, el sacerdote José González celebró la eucaristía que durante años se convocó para pedir por el regreso de los diputados del Valle secuestrados por la guerrilla de las Farc. El salón de sesiones de la Asamblea del Valle, en el edificio San Luis, acogió casi siempre aquel encuentro al que las familias asistían con fe y dolor.

Durante esos años, el padre José vio crecer a esos hijos que esperaban por sus padres, acompañó a las esposas, escuchó a las madres.

“El secuestro de ellos fue absolutamente conmovedor por tristeza y por rabia. Sacarlos de su lugar de trabajo, en el corazón de Cali, era impensable. Un mes antes habían asesinado también en Cali a monseñor Isaías Duarte Cancino, fueron hechos que entristecieron a la ciudad, pero también que le hicieron abrir los ojos: no odiemos, busquemos salidas”, dijo el prelado.

González hace memoria y recuerda la cruzada que vivieron las familias en la búsqueda de un acuerdo humanitario, hasta que llegó el anuncio fatal de la muerte de los plagiados.

“El secuestro fue repugnante y que los asesinaran fue una cosa diabólica, porque nadie es dueño de la vida de nadie. El dolor por esas muertes borró las diferencias, los partidos, los colores, era una sola herida. Después de cinco años de secuestro, entregar cadáveres fue una cosa espantosa”, afirmó.

El sacerdote dice que aunque es imposible pensar que el dolor desaparezca, con el Acuerdo de Paz se brindaron escenarios para que algunos familiares y seres queridos de los políticos asesinados caminaran hacia el perdón y la sanación, como los encuentros con guerrilleros de las Farc en La Habana y el acto de reconocimiento temprano de responsabilidades que tuvo lugar en la plaza de San Francisco, de Cali.

“De ese acto terrible tenemos que sacar muchas lecciones, lo queramos o no, es mejor tener a la gente hablando y no disparando. Olajá no empecemos también a disparar con la lengua, con la palabra. Llegar al perdón es un proceso, y es un proceso que no incluye el olvido. Porque hay que recordar para saber que hechos como esos no se pueden repetir, estos diez años tienen que ser una clamor por la paz”.

“Para reconciliarnos se necesita la verdad”

“Cuando supe que los habrían matado quedé desencajado, estupefacto. Fue un golpe devastador para el departamento y para la ciudad. Nadie se imaginaría que la espera de los diputados terminaría de esa manera. Creo que es algo de lo que los vallecaucanos no nos hemos repuesto totalmente todavía”, así describe Diego Martínez Lloreda, director de información de El País, el golpe que significó para el Valle del Cauca el asesinato de estos cautivos.

El periodista dice que ese secuestro dejó una huella difícil de borrar, pues generó una sensación “tremenda” de inseguridad: “si se llevaron a doce políticos estando en pleno centro de Cali, al resto de los ciudadanos puede pasarnos cualquier cosa, ese fue el mensaje que quedó”.

“Creo que después de hechos como estos una verdadera reconciliación es posible, sociedades que han tenido traumas tan duros como estos lo han hecho, pero para eso es necesaria la verdad. A estas alturas no se sabe exactamente qué fue lo que pasó con ellos y eso es fundamental si las Farc aspiran a que los perdones. El Estado está reparando a las víctimas, la guerrilla también tiene que hacerlo y se comienza con la verdad”.

“Lo que pasó debe ser una lección para desaprender”

Fabio Cardozo era gestor de Paz del Valle cuando las Farc se llevaron a los doce diputados de la sede de la Asamblea fingiendo ser soldados que evacuaban el lugar por una supuesta bomba. Hoy, 15 años después es el Secretario de Paz del Departamento y sostiene que hacer memoria de los hechos de la guerra debe servirnos para “llenarnos de convicción sobre las bondades de la paz”.

“Con esos tiros de gracia que les dieron a los asambleístas estaban casi que ultimando cualquier esperanza de construir un proceso de paz en Colombia. Fue una época oscura, difícil, en la que la guerra se escaló. Por eso, por el tiempo y las cosas que desde entonces han pasado, tenemos que recordar a nuestras víctimas. Esto que pasó nos debe servir como una lección para desaprender, para tomar la decisión para siempre de que estas situaciones no se repitan”, señaló.

Dice Cardozo que la decisión política de mayor acierto en las últimas décadas fue el proceso de paz suscrito entre el Gobierno Colombiano y la guerrilla de las Farc.

“La reconciliación es un proceso que debe estar acompañado de gestos, de simbolismos, de procesos políticos. No podemos abandonar la decisión de seguir trabajando por la pedagogía en la comprensión del alcance de los acuerdos, hay que afianzar la cultura de paz, donde seamos capaces de convivir en medio del disenso en medio delas diferencias marcadas, si se quiere, en medio delas tensiones políticas. Debemos lograr una reconciliación en la que se tiene que abandonar la violencia como mecanismo de acción política y como rasgo protuberante de la sociedad colombiana”, precisó.