Mayo
17
2017

La cultura de las comunidades afrocolombianas perdura a través de la música

280 niñas, niños y adolescentes de Tumaco, Buenaventura y Cali recibirán formación integral en música, tras la firma de un convenio entre la Fundación Nacional Batuta y la Dirección de Asuntos Étnicos de la Unidad para las Víctimas.

BUENAVENTURA

Por tercer año consecutivo, la Dirección de Asuntos Étnicos (DAE), de la Unidad para las Víctimas, y la Fundación Nacional Batuta llevarán a cabo el convenio ‘Voces de la Esperanza’, que ofrece formación musical a 280 niñas, niños y adolescentes de Tumaco, Buenaventura y Cali.

El objetivo del acuerdo es rescatar, exaltar y preservar las tradiciones culturales de las comunidades afro, que cobra más relevancia en mayo, declarado el mes de la Afrocolombianidad, lo que se suma al Decenio Internacional de los Afrodescendientes y al reconocimiento de la Diáspora Africana en Colombia.

La estrategia se implementará con miras a la garantía total de los derechos de esta población, fortaleciendo la atención, asistencia y reparación de estos grupos étnicos, establecidos en el decreto ley 4635.

Óscar Javier Vargas, director de la DAE, señaló que, a través de este tipo de procesos, muchos de estos niños que han enfrentado el desplazamiento forzado tendrán una oportunidad de conservar las tradiciones ancestrales de sus padres.

“Nosotros queremos fomentar valores culturales e identitarios que los ayuden a fortalecer el arraigo por sus costumbres, para afrontar las nuevas dinámicas sociales, tras la salida de sus territorios ancestrales”, afirmó Vargas.

“La Unidad para las Víctimas firmó el año pasado un convenio de más de 40.000 millones de pesos con la Fundación Plan Canadá que beneficiará a personas de Tumaco, Buenaventura y Cali”, agregó Vargas.

La DAE, a través del área de Coordinación de Comunidades Negras, Afrocolombianas, Raizales y Palenqueras, “busca con diferentes estrategias enaltecer los valores, la identidad, la ancestralidad y cultura de la población afrodescendiente que se vieron afectos por el conflicto armado y otros factores”, aclaró la coordinadora Diana Carolina Garrido.

Esos otros factores, según Vargas, corresponden a la discriminación racial. “En el caso de los raizales, muchos han sido víctimas del conflicto por fuera de su entorno territorial; las islas de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, como territorio ancestral, se han convertido en receptoras y expulsoras de víctimas del desplazamiento forzado, por lo que se ha afectado su pervivencia física y cultural”.